Todos estaban celosos

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Los de la coliflor romanescu y los pintados en Las señoritas de Avillón. Los de los brazos de las estrellas de mar o la estructura de la plaza del Louvre. Una señal de advertencia de peligro.

Todos. Todos estaban celosos de ellos porque ELLOS sí podían ser cualquier cosa. Podían comenzar siendo un cuadrado, pasar a rombo, trapecio, hexágono o rectángulo. Tan solo con unas cuantas dobleces.

En cambio, los otros se sentían miserables entre rocas, museos, carreteras y supermercados. Estaban encerrados en su forma, en sus líneas y vértices. No podían modificar su aspecto. No podían MODIFICARSE.

Quizás por eso, por compasión, ellos decidieron quedarse para siempre así. Siendo triángulos. Triángulos de papel detrás de un cristal.
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