Con sus manos

Estrella de origami. Paolo Bascetta

“Comenzaba muy temprano, después de levantarse y tomarse un té con limón y pétalos de pensamiento.

Se sentaba en su sofá capitoné y se miraba las manos, con detenimiento, observando cuántas arrugas le habían salido durante la noche. – Una… dos… – Pero no tenía tiempo que perder. Otro día había empezado y su jornada laboral también.

Cuidadosamente cogía sus herramientas y materias primas. Las manipulaba con delicadeza, para no rayar la superficie ni alterar las propiedades. Mismo movimiento. Mismo ritual. Doblar esquina superior derecha hacia el centro, doblar esquina inferior izquierda hacia el centro.

Cuando terminaba una, comprobaba que no estuviera dañada en ningún punto y una vez que se aseguraba de que así fuera, la guardaba en una bolsa de tela.

Así se pasaba el día. Mañana y tarde, hasta que empezaba a anochecer. Por aquel entonces solía tener hechas unos trescientos mil trillones.

Caminaba hacia la ventana y estirando mucho la mano, unos miles de años luz, iba colocando una a una todas las estrellas que había hecho durante el día y que ahora iluminarían la noche.”

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