Que tengas un buen día

 

Lámpara de origami
Cada vez que salía de casa miraba cuatro veces en el bolso comprobando si había cogido las llaves, se aseguraba, presionando el botón de seguridad, de que la vitrocerámica estaba apagada y miraba desde el pasillo por la ventana para ver si debía coger paraguas o no.

Y por supuesto, encendía la luz. No contemplaba atravesar el umbral sin mirar hacia arriba y desearle buen día a la lámpara de escamas de serpiente blanca que había comprado en aquel extraño bazar.

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