De paseo (XX)

Origami en Lavapiés, MadridUn frufrüOrigami en Lavapiés, antes de emprender su viaje a Andorra gracias a una nueva mano.

Aquella mañana mi papel olía a especias y a pintura de mimo. Los estampados dibujaban persianas de madera y balcones floridos. Mis dobleces escondían prostitutas y payasos que querían comer.

 

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Solviden

Solvinden era el jardín más bonito de la región. Estaba rodeado por un frondoso seto que resguardaba lo que su interior contenía. Los transeúntes, cuando pasaban cerca de Solviden alzaban sus cuellos para escuchar el polen, las raíces y las ramas y oler el canto de los pájaros. Cerraban los ojos para ver los colores de las orquídeas cromáticas y se tocaban las manos para pensar en cómo sería el tacto de los pétalos de las margaritas escalables.

Esto era todo lo que podían hacer, ya que nadie nunca había entrado en Solviden porque, según la leyenda, aquellos que entrasen en Solviden olvidarían para siempre amar.

Era por esto que los visitantes de Solviden imaginaban cómo serían las flores del jardín utilizando sus sentidos de forma caprichosa. Sin embargo, había una especie que sí podían ver ocasionalmente: los doce tulipanes de Loto, tan blancos como la Nada.

Estos tulipanes tenían algo muy especial. Todas las noches de abril, crecían por encima de los setos que celosabemente guardaban Solviden y una vez que ocupaban el punto más alto por el que podían trepar, justo donde la estatua de la diosa Atenea asía su lanza, sus pétalos se encendían, como si de pequeñas lámparas olorosas se tratasen.

Era entonces, cuando los enamorados visitaban los alrededores de Solviden, viendo los tulipanes desde fuera y pensando en cómo olerían, en qué tacto tendrían pero también en como sería su vida sin amor.

Y así, todas las noches de abril, los enamorados admiraban y temían al mismo tiempo al jardín Solviden y a sus doce tulipanes de Loto. Tulipán de origami

Sobre fondo negro

Corazón de origami
Sobre fondo negro estaban los días perdidos.
Sobre fondo negro estaban los discos desmaquillantes.
Sobre fondo negro estaban las ganas de orinarme las piernas.
Sobre fondo negro estaban las putas miradas cansinas.
Sobre fondo negro estaban los suelos pegañentos.
Sobre fondo negro estaban los sandwiches de pavo y queso.
Sobre fondo negro estaban las ganas.
Sobre fondo negro estaban los mesuenatesueno.
Sobre fondo negro estaban las medias en el suelo.

Menos mal que ese fondo negro no consigue apagar el corazón naranja del que duerme las resacas conmigo.

(cualquier parecido con la realidad es azar de la escritura)

Los doce tulipanes blancos

Tulipán de origami
Cuenta la leyenda que en el país de A lo mejor, había un estado llamado Quizás y en ese estado había un pequeño pueblo conocido con el nombre de Tal vez.
Los habitantes de Tal vez no tenían cuello, porque siempre iban encogidos de hombros. Se despertaban con un “malo será” y se deseaban las buenas noches con un “podría ser”. Y no salían nunca de casa, ya que no había nada fuera que llamara su atención.
La mañana del 4 del mes de Posiblemente, llegó al pueblo una mujer vestida con pantalones bombachos y zapatos bonitos. Traía un cesto con doce tulipanes blancos. Eran los doce tulipanes más olorosos del mundo y provenían de doce diferentes países. Olían a hierba recién cortada, a mimosas, a mar, a churrasco de soleado domingo, a dama de noche y a jersey limpio.
Tal era el olor que desprendían los tulipanes que todos los habitantes de Tal vez comenzaron a pensar posibilidades. ¿De dónde provenía el olor?

A medida que aumentaba su interés por buscar la dirección de ese olor, más estiraban sus espaldas, ejercitando músculos que creían dormidos, separando los hombros de sus no cuellos. Todas las casas fueron dejando abiertas sus puertas a la espera de la llegada de nuevos olores. Por fin querían saber.

Cumplida su misión, la mujer de pantalones bombachos continuó su viaje, buscando nuevos lugares a los que abrir olfato, ojos y mente con la ayuda de los tulipanes blancos. Los doce tulipanes blancos más olorosos del mundo.

Con la colaboración de Vanesa Felpeto

Opuestos

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Tú eres amarillo. Yo, violeta.
Tus pétalos son afilados y sedosos. Los míos son redondeados y carnosos.
Tú eres pequeño. Yo, grande.
Tú necesitas agua caliente para crecer. Yo me conformo con un chorro frío que moje mis raíces.

Sin embargo, aquí, unidos en este jarrón, formamos la pareja perfecta.

¿Quieres polinizarte conmigo?

De paseo (XIX)

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Me sentía como un barco que para navegar debía acoplarse a olas zigzageantes. Mi casco no coincidía con el entorno y eso hacía que nadara contracorriente.

Por suerte, siempre podía quedarme en la proa, mirando el atardecer y esperando a que el mar se adaptara a mí.